Se ha producido un error en este gadget.

sábado, 21 de abril de 2012

La última...

Fue entonces cuando lo supo, cuando fue consciente de ello en su totalidad.
Y comenzó la cuenta atrás.
Ya no le quedaba nada que perder, ellos, todos ellos, ninguno merecía la pena. Ya no podía volar, le habían arrancado sus alas, estaba totalmente atada a la tierra.
Y aquella era la peor tortura de todas.
Sobre todo, para un ángel.
El viento sacudió con fuerza su vestido blanco, el cabello azabache, negro como la noche en la ciudad, sin rastro de estrellas, bailaba sobre su rostro húmedo por los rastros de lágrimas.
Y los segundos estaban contados por los latidos de su corazón.
No miró hacia abajo, sabía la distancia que la separaba del suelo, pero eso no le importó. Sin miedo, tranquilamente, puso el primer pié sobre la cuerda. Y lentamente, con el equilibrio propio que solo poseen esas maravillosas criaturas, comenzó a avanzar sobre la cuerda tensa, mientras abajo, muy abajo, los coches pitaban asustados, las farolas alumbraban las calles repletas de gente que entrecerraban los ojos para ver mejor, bares con música que no aguantaba entre paredes y viajaba con el aire. Todos, todos ellos, pendientes de quién era la que se balanceaba con los brazos extendidos sobre una cuerda floja.
Y en aquel silencio, los latidos de ella sonaron más fuerte que nunca. La luna brilló muda, contemplando absorta como aquella joven, desafiando al mismísimo cielo, avanzaba sin rastro de miedo, dejándose guiar por el viento.
Pero ella sabía que aquello, no iba a acabar como todos esperaban.
Por eso, cuando se paró en mitad de la cuerda y giró su rostro a las estrellas, todos, todos los que estaban abajo aguantaron la respiración. Alguien gritó, había varios sollozando, voces que intentaban sonar donde nadie estaba dispuesto a escuchar. Desde lejos, sonaron las luces de la policía, coches que venían corriendo como si pudieran evitar lo que estaba a punto de suceder.
Pero era tarde.
La cuerda se clavaba en la planta de sus blancos, suaves pies, pero estos apenas lo sufrían. El frío había calado en cada hueso de la joven, y su cuerpo se negaba a sentir nada, ni siquiera miedo o vértigo.
Alguien gritó que bajara, focos de luz la apuntaban desde abajo, alguien cogió un altavoz e intentó hacerse escuchar. Pero ella no podía bajar, sabía que aquello no podía ser así.
Que aquello, debía acabar cuanto antes.
Con delicadeza, toda la que podía tener en aquel momento, metió la mano en el cinto de su vestido y sacó un puñal cuya hoja mortal brilló a la inmaculada luz de la luna. Nadie comprendía que iba a hacer, pero todos sabían que no sería nada, nada bueno.
Entonces, ella cerró los ojos y escuchó atentamente, contando hasta el último latido. Intentó recordar cada momento por el que merecía la pena seguir viva, seguir luchando… y estos, por tanto, fueron agotándose. Al igual que su corazón.
Y fue entonces cuando, a la vista de todos, ella misma se clavó el puñal, arrancando gritos y sollozos de todos los de allí abajo. Iba a morir, ahora era cuando se desplomaba.
Pero no lo hizo.
Cuando retiró el puñal de su cuerpo, su respiración se volvió entrecortada. Le quedaba poco tiempo, pero sabía lo que tenía que hacer.
La sangre brotaba de su pecho, el vestido blanco se sacudió con el viento, mientras gotas de sangre lo iban tiñendo de su propia desgracia. Y mientras su cuerpo lloraba sangre, algo comenzó a brillar en su herida. Colocando sus manos con cuidado, sacó algo brillante y bello, algo que deslumbró a todos los allí presentes.
La joven abrió los ojos. Era el momento, casi no podía mantenerse en pié.
Con ambas manos acercó aquello al cielo, lo levantó todo lo que pudo, y en aquel momento salió disparado, como una flecha, hacia lo más profundo de la noche, llevándose consigo los últimos latidos que la mantenían en vida.
Y así todo el mundo levantó la vista al cielo.
Cinco…
mientras ella exhalaba un último suspiro
cuatro…
y su vestido se empapó de sangre
tres…
y el viento la sacudió con fuerza
dos…
y sus ojos se cerraron para siempre…
uno…
Y desde las alturas, el último ángel, aquel al que arrancaron sus alas, se desplomó desde lo alto, entregando su corazón al mismísimo cielo… donde una nueva estrella comenzó a brillar.
Nadie vio como la joven llegaba a ellos, antes de tocar el suelo, su cuerpo desapareció. Solo quedaron pequeñas gotas de sangre y junto a ellas, lágrimas del último ángel.
Aún brilla su corazón sobre el cielo, la estrella que guardaba en su alma. Solo el viento y la luna saben donde reposa su cuerpo, solo ellos saben a dónde escondieron sus alas.
Pero era el último ángel. El último.
Y nadie podrá comprender jamás por qué hizo aquello, por qué se entregó dejando su esencia como una estrella más, si nadie se para a mirarlas.
Aquella noche, después de lo sucedido, comenzó a llover con fuerza, como si el cielo llorase así la terrible pérdida.
Solo así pudo limpiarse el puñal que quedó en el suelo, mientras la sangre iba desapareciendo poco a poco.
Y ahora, en silencio, ella nos observa, su alma guarda silencio en lo alto del cielo.
Y a veces, llora.
Llora por lo que ocurrió, pero sobre todo, por lo que está ocurriendo ahora.
Por la terrible pesadilla que el mundo va viviendo lentamente, cada vez a más…
Sin ningún ángel que pueda despertarnos.
Hasta que sea demasiado tarde…


Escrito por: Alhara.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Entre sus brazos...

A veces ocurren sucesos que nos marcan de por vida. Circunstancias que nunca creíste que podías llegar a vivir, imágenes que jamás imaginaste con llegar a ver, palabras que en la vida pensaste que oirías.
A veces, esas pequeñas historias perduran bajo el tiempo, y consiguen salir a flote sin perderse. Por ello, debéis saber que la historia que brevemente os escribo, es el testimonio de un joven que aún vive para contarlo… y que es la más pura muestra de hasta qué límites llega la maldad de un ser humano, y hasta que punto somos capaces de hacer daño a los demás… pero también, hasta qué límite llegan otros para aliviar este dolor, a pesar de que queden marcados de por vida…

No me dijo su nombre, ni quiera lo conocí en persona. Para ser sincera, me hablaron de él en una de mis clases, y me mostraron su historia escrita a ordenador, una que él mismo había hecho para que no se perdiera.
Por entonces él estaba en el Universidad, y no recuerdo por qué motivo, partió África a conocer la labor de las monjas que allí residen. Cuando él llegó, algunas monjas se le presentaron y sin más, lo condujeron dentro de una casa grande donde ellas trabajaban.
Nada más entrar, lo primero que vio fueron hileras e hileras de camas, todas ellas con niños pequeños, desde bebés hasta unos cuantos años más, en los puros huesos, con el vientre totalmente hinchado y la mirada perdida en algún punto lejano.
La mayoría de ellos lloraban, mostrando su dolor desesperado al no tener nada que comer, el sufrimiento de sus entrañas y de pasarse así día tras día, sin rastro de ninguna solución. El eco de sus llantos rebotaba en aquellas paredes, y otros simplemente callaban sin tan siquiera fuerzas para llorar, y esperaban con sus redondos ojos ausentes.
Cuando él llegó y vio aquello, se quedó plantado en la puerta con el horror pintado en el rostro, y lo primero que se le paso por la cabeza fue salir de allí cuanto antes.
Pero en aquel momento una monja se le acercó, y leyendo la intención en su mirada, miró seriamente a sus ojos y le dijo:
-¿Estás aquí para mirar o para ayudar?
El joven se sorprendió ante aquella pregunta, pero aún aturdido no tardó en responder:
-Para… ayudar –musitó-.
-En ese caso –contestó la anciana- sígueme.
La monja caminó hacia el interior de la casa, y condujo al joven, que lo seguía mudo de asombro, por entre todas aquellas camas y todos aquellos niños, que lloraban sin poder hacer nada más.
De repente, la monja se detuvo. Giró sobre sí misma, miró de nuevo al chico y con voz triste le dijo:
-¿Ves a aquel niño? –sus ojos se posaron en una cama cercana- ese que no para de llorar.
El universitario miró hacia aquella cama, y vio a un niño pequeño, no más de un año quizás, de piel oscura y huesos marcados, cuyo vientre sobresalía peligrosamente de su menudo cuerpo. Sus llantos eran los más triste y más puros que había escuchado nunca, casi pudo sentir el dolor en su misma piel:
-Si –asintió- lo veo.
-Bien –contestó la monja- pues ahora, quiero que vayas y lo cojas.
-¿Qué lo coja?
-Si –repitió esta- coge al niño, y dale todo el cariño del que seas capaz.
El joven miró a la monja, sin atreverse ha hacer lo que esta le mandaba, hasta que ella se fue y lo dejó solo con el niño.
No le dio tiempo a plantearse mucho más. Con cuidado, cogió al niño entre sus brazos, intentando controlar aquel triste llanto, y fue meciéndolo poco a poco, de un lado a otro, suavemente. Estrechado contra el calor del cuerpo del joven, los sollozos del bebé fueron cesando, y este, sin poder creer lo que estaban haciendo sus manos, comenzó a cantarle dulcemente y a acariciarle, con lo que las lágrimas del bebé se fueron convirtiendo en suspiros entrecortados.
No supo decir cuanto tiempo estuvo así, consolando al niño con todo el amor del que fue capaz. Sin embargo, al cabo de diez minutos, el joven fue a buscar a la monja con lágrimas en los ojos.
El niño no respiraba.
La monja observó al chico abrazando al bebé contra si, temeroso porque había dejado de respirar. Sin más, la anciana tendió los brazos y cogió al niño.
-Lo sé –suspiró ella- no respira… porque su corazón dejó de latir.
Las lágrimas bañaron el rostro del joven:
-Pero, ¿ha muerto? –preguntó, con voz entrecortada-.
-Si, ha muerto –sentenció la monja- pero ha muerto entre tus brazos…


Escrito por: Alhara.

martes, 8 de noviembre de 2011

Princesas en mundos opuestos

Llega un momento, en el que todo parece ir en tu contra.
Cierras los ojos, cuesta respirar. Son casualidades que sin querer, te desmoronan, convierten tu sueño en una pesadilla triste y fría, que nadie se ha preocupado de escuchar.
Te escondes, sientes que nadie puede entenderlo, oyes sus gritos, el eco de su dolor detrás de tus oídos.
Y duele, tienes que esperar, aún queda mucho para poder ayudarlos…
Son mundos diferentes. En uno de ellos, ha nacido una niña. Es hermosa, tiene la piel rosada y los ojitos abiertos a miles de personas que la quieren y le abren los brazos para cogerla.
En otro mundo, ha nacido otra pequeña... pero ella, es diferente.
Su piel tostada se raspa con el contacto de unas manos ásperas que la cogen con cuidado falso. Allí tener un bebé no es algo digno de celebrar, sino más bien, de lamentarse… porque no sabes si sobrevivirá más de dos meses.
La primera niña crece rodeada de gente que la quiere, aprende a gatear, y después a andar, con la compañía de unas manos que evitaran en todo lo posible que caiga.
Tiene un cuarto precioso, todo de rosa con sus princesas favoritas y con miles de juguetes, peluches y puzzles, que la mantienen entretenida todo el día, haciéndole reír, pensar y soñar…
La otra pequeña, aprende a andar rápidamente, a pesar de que sus piernas no están preparadas para hacer grandes esfuerzos… a su madre no le ha subido la leche, era la quinta criatura a la que ha dado a luz, y apenas tienen con qué alimentarla. Por ello, la niña sobrevive gracias a una de sus vecinas, que accede a amamantarla con lo poco que tiene. Ella no tiene ningún cuarto, duerme con uno de sus hermanos en una esterilla sobre el suelo. No hay ningún juguete a su alcance, ella no necesita desarrollar su mente, pues solo importa la fuerza que llegará a tener algún día en los brazos…
La primera niña crece, los años pasan. Va a una bonita escuela, con ropa limpia todos los días. Aprende, tiene amigas, ya sabe leer y escribir. Le encanta pintar, los Reyes le trajeron por Navidad una gran maleta llena de todos los lápices y rotuladores del mundo, justo lo que ella quería, porque ha sido una niña muy buena. Así todas las tardes se dedica a pintar lo primero que se le ocurre.
A su vez, la otra pequeña también crece. A sus seis años de edad, lleva dos trabajando en una mina. Todas las mañanas se levanta muy temprano, y en compañía de sus cuatro hermanos camina kilómetros enteros hasta llegar a una cueva oscura y fría, donde se pasa todo el día tirada en el suelo escarbando en la roca, metiendo sus pequeñas manos por minúsculos huecos sobre la piedra, extrayendo así metales que se venderán en otros países por miles de billetes… y ella, gana la cuarta parte en céntimos que le permitirá comprar una barra de pan.
No va a la escuela, no sabe leer ni escribir. No tiene tiempo de jugar con ningún niño, todas sus energías quedan entre las rocas de la mina, y regresa cada día arrastrándose hasta su casa, donde sigue trabajando. No puede permitirse más ropa que la que lleva puesta, y solo el mayor de sus hermanos lleva algo parecido a zapatos…
El tiempo sigue transcurriendo, lenta e inexorablemente. La primera niña, a sus diez años, saca unas notas brillantes, es guapa, tiene las mejores amigas y a pesar de que lo tiene todo, siente que algo le falta… para ser una verdadera princesa, que es lo que ha visto desde niña, necesita encontrar a su príncipe azul… es el punto clave para alcanzar la perfección, y eso es lo que verdaderamente necesita.
La otra pequeña también crece con el tiempo, y gracias al duro trabajo de todos sus hermanos todavía no ha muerto de hambre, como le pasó a la mayoría de los niños que de chica conoció.
Hace un año que dejó de trabajar en la mina, para aprender las labores en su casa y cuidar de sus hermanos más pequeños, ahora que son nueve en la familia. Debe aprender a ser una buena mujer y someterse al hombre, porque dentro de unos años deberá casarse y formar una familia. Así dará dinero a sus padres y sus hermanos pequeños tendrán de qué comer.
Camina kilómetros enteros para recoger agua de un pozo que la mayoría de veces encuentra seco. Hace dos meses que el menor de sus hermanos murió, al no tener qué llevarse a la boca, y su hermana más pequeña lleva días enferma, porque al parecer algún alimento no le sienta bien…, pero es lo único que tienen.
Los años transcurren, ambas niñas siguen creciendo.
La primera de ellas está a dieta, se ve demasiado gorda, y si quiere encontrar un buen novio necesita ser superior y mejor que las demás: eso, es lo que ha leído en las revistas que ella y todas sus amigas compran. A sus treces años, a perdido dos kilos y ha tenido tres novios. Todos ellos eran estúpidos, no entendían que deben tratarla como a una princesa y no dejarla tirada la mayoría de las veces. Aún así, está segura de que eso pronto cambiará. Ha descubierto un método infalible, que sus padres no deben saber. Vomitando lo que come, consigue parecer más delgada.
La segunda niña, también ha cumplido sus trece, y aún llora la pérdida de su hermana más pequeña. El mayor de ellos escapó en una patera, y ahora hay menos dinero en la casa. Por ello, van a casarla con un hombre llegado de fuera, a cambio de algunas monedas, y así ella tendrá su familia. Se ha pasado noches enteras llorando su desgracia, porque a pesar de lo que su madre dice, ella no entiende ni puede verse junto a un hombre de cincuenta años, lejos de su familia y de su hogar…
El reloj continúa girando, las manecillas se mueven lentamente, durante años…
La primera de ellas contrajo anorexia, se pasaba las noches llorando por lo fea y gorda que se sentía, cuando en realidad su estómago suplicaba comida. Su cuarto novio tenía siete años más que ella, le prometió que lo suyo duraría para siempre, y por ello la chica aceptó acostarse con él. A los pocos días se fue, dejándola embarazada, por lo que tuvo que abortar ante el desconcierto de sus padres. A sus diecisiete años, fuma desde los catorce y no hay noche en que no llegue borracha de alcohol. Dejó los estudios y ahora, el único motivo por el que aún no está tumbada sobre una camilla en un hospital, es la psicóloga que viene a verla cada tres días. Ella no es feliz, sufre, y ha llegado a la conclusión de que su mayor sueño es morir. No le importa lo que digan sus padres, ni su familia, ellos no la comprenden, solo quiere desaparecer… Su vida ha sido demasiado injusta…
La segunda niña lleva casada varios años con un hombre que no la quiere. Su primera relación sexual la tuvo sin haberle llegado la regla aún. Sufrió varios abortos que lamentará toda su vida haber tenido, a causa de los golpes y el maltrato de su marido. A sus diecisiete años, ha tenido tres hijos y todos ellos trabajan desde por la mañana en una mina. No ha vuelto a saber de su familia, ni siquiera si el dinero les llegó. Ella no sabe lo que es ser feliz, porque no cree que haya más que eso, y a pesar de llorar todas las noches y trabajar hasta caer rendida para después satisfacer las necesidades de su marido, no se atreve a quejarse, porque tiene con qué alimentarse, pero sobre todo, con qué alimentar a sus hijos. Aunque morir sea lo más fácil, y quizás con lo que lleva soñando desde hace tiempo, nunca jamás se rendirá, después de todo lo sufrido. Ella tiene hijos a los que alimentar, y no está dispuesta a abandonarlos…
Además, ahora vuelve a estar embarazada y hará todo lo posible por no perderlo.
Lo que ella no sabe, es que sus esfuerzos serán en vano. Hace mes y medio que contrajo el sida, y allí no hay nada ni nadie que pueda ayudarla.
Aún no sabe que ni ella ni su hijo, durarán menos de un año…
Ambos mundos diferentes, dispuestos a nunca encontrarse. Gente que lo tiene todo, y que sin embargo no sabe apreciarlo. Gente que no tiene nada, saca de donde no hay… y que ante todo, viven esclavos de la necesidad de llevarse algo a la boca.
Lo peor de todo esto, es que esos dos mundos viven uno pegado al otro, pero pocos son los que pasan la frontera. Unos, solo piensan en sí mismos. Otros, no tienen posibilidad alguna de cambiar por sí solos su triste existencia.
Ambos, sufren porque no son felices.
Ninguno sabe que se necesitan mutuamente para conseguirlo…



Escrito por: Alhara

viernes, 26 de agosto de 2011

La realidad de los sueños

-Vengo en busca de su ayuda.
-Dime pequeña, ¿Cuál es tu problema?
-El problema es que tengo sueños muy extraños, y muy tristes. Me despierto sudando y entre lágrimas, y me gustaría saber el motivo de ello.
-Muy bien pequeña, dime pues, ¿Cuáles son tus sueños?
-A veces son hermosos. Hay gente riendo, personas que se quieren, amigas que irían juntas al fin del mundo… son sueños realmente bellos.
-¿Y alguno más?
-Si, hay un sueño que se repite constantemente.
-Dime, ¿Cuál es?
-Es siempre el mismo. Camino por un bosque y de repente encuentro a un niño llorando. Me acerco pero parece que mi presencia le hace daño y le asusta, porque empieza a llorar todavía más.
-Continúa.
-Intento acercarme pero el niño se aleja. Es moreno, no tiene ropa, y parece que está sucio. Quiero ayudarlo pero hay algo que me lo impide. Es como si andara sobre tierras movedizas que no me dejan acercarme.
-¿Y que ocurre después?
-Le llamo. Le digo “chico, ven pequeño, solo quiero ayudarte”. Pero él niega con la cabeza e intenta huir… y entonces…
-…si?
-Entonces descubro horrorizada que hay una cadena atada a tu tobillo, que está encadenado a algo. El niño se esconde y se hace un ovillo, y yo sigo la cadena. Esta termina en una gran roca, y comprendo que el niño está allí atado porque esta tiene oro en su interior. Hay oro y mil joyas apiladas junto a la roca, pero el niño no las coge.
-No te pares, continúa.
-Cuando miro, el niño llora encogido pero no puedo llegar a alcanzarlo. Me alejo de allí confundida, y no he dado ni dos pasos cuando veo a otro pequeño encogido sobre un árbol, esta vez una niña. Me acerco a ella sintiendo mis piernas de escayola, y veo que llora y llora con una mano en el vientre. Tiene las ropas rasgadas y el pelo pegado al rostro y mojado de lágrimas. Me intento acercar pero ella grita y se pega aún más al árbol.
-¿Qué más ocurre?
-Mis pies no la alcanzan, no puedo seguir avanzando. Intento llamarla pero ella niega temblando y cierra sus ojos. Al moverse, un escalofrío recorre mi espalda. La niña no tiene la mano en el vientre, la tiene entre sus piernas porque está sangrando. Comprendo entonces que alguien la ha violado, y por más que lucho por acercarme ella solo llora y me mira con sus enormes ojos negros, dejando entrever entre sus piernas la marca de una inocencia totalmente perdida.
-¿El sueño acaba ahí?
-No, aún hay más. Me alejo de la pequeña sintiendo un vacío enorme, porque no puedo ayudarla tampoco. Conforme avanzo descubro más y más niños encadenados o con rastros de sangre, todos lloran y a ninguno puedo alcanzar. Algunos tiene pistolas pegadas a las manos que no pueden quitarse, otros yacen con los ojos cerrados y encogidos sobre sus propios huesos, todos lloran y me miran con miedo, como si yo fuese la que los mantiene así. El camino no se acaba, empiezo a llorar porque me duelen las piernas y el sonido de los llantos de esos niños es un eco aterrador dentro de mi mente, y no se marcha. Lloro mares y siento una pena horrible al recordar a esos pobres niños a los que no puedo alcanzar.
-¿Qué más?
-Avanzo a tientas sintiendo que las piernas me fallan, y entonces descubro un árbol apartado de los demás. Cuando me acerco, veo que un niño está recostado contra él. Tiene la misma edad que los demás, cuatro o cinco años, pero él no llora. Me acerco lentamente, y para mi sorpresa, mis piernas si pueden llegar a él. Me agacho y rozo suavemente su rostro moreno, y descubro rastros de lágrimas. Sus labios están secos y cuando miro sus ojos, descubro horrorizada una mirada totalmente vacía, sin rastro de sentimiento. Comprendo entonces entre lágrimas que el niño está muerto. Lloro pero no puedo dejar de acariciarle el pelo, el niño mira al vacío encogido sobre sí mismo, las ropas sucias y la piel que escupe tristemente sus huesos. Al cogerle suavemente la mano, esta deja caer un par de monedas manchadas de sangre. Y descubro entre los brazos del niño una muñeca de trapo.
-¿Y qué más?
-Cojo la muñeca con delicadeza, está sucia y tiene dos botones negros por ojos, y está recubierta de un papel sucio. Este se desprende y veo que se trata de un billete, sucio y roto, pero es un billete. Comprendí entre lágrimas que el niño había utilizado aquel billete para vestir a su muñeca, al fin y al cabo no era más que un simple papel. Dejo la muñeca entre sus brazos y entonces el niño cierra los ojos y se desploma sobre el suelo, aún sin soltar su preciado tesoro. El billete vuela y se desvanece en el aire. Me siento fallecer de pura pena, me duelen las lágrimas que guardan esas imágenes, mi corazón se encoje de lástima porque solo quiero salir de allí. Cuando me giro… todo cambia. Ahora no soy la única que camina por aquel bosque. Hay muchas personas, bien vestidas, que andan en todas direcciones. Los niños siguen allí llorando y gritando, pero estas personas… estas personas no les ayudan.
-¿Qué ocurre entonces?
-Siento la rabia crecer en mi interior ante esas personas que no hacen nada por esos pobres niños agonizando de dolor y atados con cadenas. Empiezo a gritar, a gritarles a ellos, y muchos se giran para mirarme extrañados. Otros, simplemente me ignoran y aceleran el paso. “¡¡¡¿Pero que hacéis??!!” –grito- “¿¿¡¡Por qué no os paráis?! ¡¡Ayudad a esos niños!! ¡¡Ayudad a esos niños!!!” –chillo-. Intento acercarme para ayudarles yo, pero de nuevo mis piernas me lo impiden. Le gente me mira de un modo extraño, como si estuviera loca. Con todo mi dolor comprendo que esas personas son ciegas, que no son capaces de ver a esos niños, que solo los puedo ver y oír yo. Los señalo, los retengo, pero ellos me apartan y me empujan para que les deje en paz. Continúan caminando sin ver a esos pobres niños. No aguanto más y echo a correr con rabia huyendo del eco de esos llantos, pero estos me persiguen y finalmente caigo sobre la tierra. No puedo parar de llorar y me arrastro con dolor por ese duro suelo, cierro los ojos y me encojo sobre mí misma. Esos niños siguen llorando y yo no puedo hacer nada. Esos niños continúan allí y los demás no los ven…
-¿Algo más?
-No. Entonces es cuando me despierto.
-Un terrible sueño, por lo que veo.
-Si, uno de los más horribles que tengo. ¿Cree usted que es grave?
-Me temo que si, mi pequeña.
-¿Pero por qué? ¿Cuál es el problema?
-El problema es, mi niña, que lo que describes no es ningún sueño.
-¿Qué es entonces…?
-Es desgraciadamente, la triste y cruel realidad…

By:Alhara

martes, 26 de julio de 2011

La delgadez; ¿belleza o pesadilla?

Supongo que abrir los ojos a todo el mundo es complicado; vivimos en burbujas de plástico, donde lo único que importa es uno mismo. El dolor de los demás rebota en esa capa transparente, y hace que no llegue a nuestro corazón. Pocos son los que han conseguido romper esa burbuja y ven como es el mundo en realidad; muy pocos sienten algo cuando ven a alguien llorar; apenas nadie se da cuenta de que cuando alguien se desahoga en lágrimas, lo primero que queremos saber es el motivo… más curiosidad que verdaderas ganas de ayudar a esa persona.
En realidad, es como si nos hubiesen lavado la cabeza… un proceso que empieza desde que crecemos hasta que, ya mayores, comprendes la basura que te han ido metiendo en la mente, y lo equivocado que estabas al pensar muchas cosas.
Uno de los ejemplos que más resaltan, es la adolescencia rebelde que crece día tras día. Pensemos que entre la televisión, la radio, las revistas… de alguna manera han llegado a nuestra mente estereotipos de perfección que no existen. Perdemos la confianza en nosotros mismos, porque no somos maniquís… y eso es lo que quieren que seamos.
La belleza ya no está ni en el rostro; está en los huesos. La delgadez se considera signo de belleza, y eso a veces llega a ser suicida en muchos casos. Hay personas cuyos cuerpos no están genéticamente preparados para quedarse en los huesos, y eso las obsesiona. Modelos que comen alpistes, y a las que se considera más bellas por ello.
Desde niños nos crean el estereotipo fijo de chica y de chico, sin darnos cuenta de que no existe, y todos pretenden parecerse a tal, sin ni siquiera pararse a mirar como son ellos mismos.
A veces esto se convierte en una lenta tortura para muchos. Las consecuencias de estos estereotipos a la larga son crueles y devastadoras. La anorexia se debe a la obsesión por una delgadez suprema, y repito, hay cuerpos que no están preparados para superar eso. Y aunque ya de por sí sean delgados, eso no importa. Es como si te lavasen la mente, te odias por como eres y lo único que se te ocurre es adelgazar; te importa más lo que piensen los demás a lo que pienses tú mismo, estás dispuesto a hacer lo que sea para llamar la atención… incluso poner tu vida en juego.
Hay testimonios de niñas ya mayores, que suplican por salir de el horror en el que se han metido. “Solo quiero salir de este infierno” –dice una- “aunque sea quitándome la vida”.
Todos los testimonios coinciden en que empezaron sobre la misma edad, 14 o 15 años, porque fue cuando comenzaron a verse más deformes… y es que a esa edad los cuerpos cambian; no engordan, solo toman las formas de las caderas y van convirtiéndose cada vez más en un cuerpo de mujer, dejando al de niña en un vago recuerdo. La pérdida de peso abusiva hace desaparecer la regla, lleva a la bulimia e incluso a intentos de suicidio.
Niños y niñas que se sienten solos en todo esto, y que aún siguen pensando que perder peso es la solución. En realidad creemos que esto se debe a que ellos no son normales, a que si pasan por eso es porque “les ha tocado”. Muchas revistas juveniles que afirman que la delgadez es la belleza, y en realidad, es solo una forma más de cuerpo, y no entiendo por qué la más bella.
Desde mi punto de vista, creo que todas las personas son bellas, pero hay que salir de esa burbuja para ver otra cosa que no sea el exterior. Cuando sales de tu burbuja, las de los demás se vuelven invisibles; ves más allá que con tus ojos, intentas comprender como es esa persona de verdad.
Pocas son las personas que se auto valoran por lo que piensan ellas de sí misma que por lo que piensen los demás. Si tú aprendes a quererte por como eres, los demás aprenderán a hacerlo también.
Debido al aumento de los casos en España, se afirma que se prestaron atención a los primeros, pero ahora que es algo común se les ve con indiferencia, porque vivimos en continua presión por los medios de comunicación.
Los últimos datos recientes son de 80.000 casos nuevos, y sigue aumentando en todo el país… ¿acaso hablan de ellos las revistas? ¿Es portada en alguna de ella? ¿Alguna noticia lo refleja o algo así? No, el estereotipo ya está fijado y no se quiere cambiar.
¿Qué hacer? Quizás añadir algo además de huesos a los maniquís de las tiendas, que cada vez que los veo me entra fatiga.
No entiendo por qué todo es tan tremendamente injusto. Cualquier persona es bella independientemente de la genética de su cuerpo, cada persona debe aprender a aceptarse por como es, y dejar a un lado tantos perjuicios.
Pero hoy en día solo importa lo que importa, porque todos buscan lo que buscan.
Es así.
La gente no se fija en la personalidad; esa es la parte que no se folla.



Escrito por:Alhara

jueves, 21 de julio de 2011

Las Mentiras de la Iglesia


La Iglesia... Una de las mayores instituciones religiosas del mundo, y la mas rica... La Iglesia cuenta con muchos millones de personas en su organizacion... Pero, ¿es real todo lo que cuenta esta institucion?¿Son fieles a las normas los sacerdotes de la Iglesia?
Bueno empecemos a responder preguntas...
En primer lugar me gustaria tratar un poquitin lo que es la hipocresia de la Iglesia... Todos los sacerdotes(ya sean clero superior o simples curas de barrio) dicen que debemos de olvidar y de compartir nuestros bienes materiales... Segun ciertas cifras, si el Papa vendiese su lustroso trono papal hecho de oro macizo, varios millones de personas de Africa comerian durante al menos 3 dias, 3 dias sin muertes por hambre...
En los ultimos años han salido muchos casos de pederastia en la Iglesia... En Sevilla,unos curas violaron a niños discapacitados, a esos sacerdotes solo los excomulgaron... Varios sacerdotes mas han cometido varios actos de pederastia, y no se les ha encarcelado, el Papa pidio disculpas por esto, pero esto no se puede disculpar, esto se tiene que zanjar mediante la justicia, como lo harian si cualquier persona lo hiciese... Es una verdadera injusticia que a un sacerdote no se le encarcele...
Pasemos a otro tema... Recientes estudios dictan que se han encontrado tantas astillas de la cruz de cristo, que se podria fabricar un bosque pequeño...
¿Que pienso de esto?
El cristianismo me parece una creencia tan valida como otra cualquiera, pero la institucion que la domina me parece una institucion corrupta e hipocrita
Gracias por leer el post(Perdonen si e molestado a alguien con esta entrada)
Si alguien quiere mas informacion, que comente y colgare mas informacion que tengo recogido sobre la Iglesia. Gracias lectores
Escrito por:Seven

martes, 19 de julio de 2011

La Luz no deja Transparentar

Verdaderamente en este blog hablaremos más que de oscuridad y luz… para mí ambos campos me ofrecen grandes variedades de juegos de palabras.
La guerra, las injusticia, la avaricia… todo ello es la cruel realidad… pero… ¿acaso de habla de ellos en las revistas? ¿Salen opiniones al respecto en algún programa? ¿Verdaderamente se tiene concienciada a la gente de lo que pasa en el exterior?
No. Porque no les conviene.
Las personas vivimos a la sombra de un poder que lo maneja todo, que lo controla todo y que sabe qué le conviene y qué no.

Porque su mismo reflejo nos acobarda y nos conformamos con los resquicios de claridad que nos llega...La luz en la que pretenden que vivamos nos oculta verdades y nos ciega.


  
Hay cosas que no conviene que sepamos, porque desequilibrarían la sociedad, y por eso se mantiene ocultas… en la más absoluta oscuridad.
Un ejemplo: ¿Conviene acaso que la gente sepa que Nike y otras muchas marcas usan niños esclavos en su producción? ¿Conviene que se sepa que cerca de 20.000 niños se prostituyen por las calles de España? ¿Conviene que se sepa que en casi todas las guerras se han capturado y usado niños soldados, se les ha obligado a practicar canibalismo y a correr delante de los soldados por campos de minas?
Sin darnos cuenta la sociedad, el comercio, la publicidad… nos manejan como a juguetes, simples marionetas en un mundo de gigantes, nos mantienen ocultos en la ignorancia porque de esa manera todo ronda en su favor. No somos concientes del gran juego en el que estamos metidos, ni concienciados del sufrimiento de muchas personas mientras nosotros llevamos a cabo nuestra vida diaria y mientras, ahí arriba, donde creemos que se respetan los derechos y todo va a mejor, juegan con la vida de muchas personas. Y es que estos temas no están tan lejos como pensamos... están muy cerca, suceden en nuestras mismas ciudades, en nuestro mismo ambiente... pero hemos aprendido a vivir ignorándolos. Ellos han conseguido hacernos inmunes al sufrimiento de los demás, porque nos dan lo que queremos... y saben como hacer que todo esto parezca muy lejano.
Cuando, en realidad, lo tenemos al lado.
Fijaos lo poco concienciada que esta la gente, que cualquiera que lea esto me tomaría por loca, o ni si quiera lo creería.
Porque simplemente no podrían.
Engañados y metidos en una burbuja, disfrutando de un mundo que ha muchos les ha sido vedado.
Pero esto, tristemente, para muchísimas personas no tiene importancia, porque ellos ya tienen lo que quieren.
Sin embargo, va siendo hora de que todo esto, también salga a la luz…



Escrito por:Alhara